Fuente: Diario La Nación | Enero 01, 2007 Recomendar esta nota Recomendar

Una alianza que no hay que desaprovechar

El lanzamiento de la Estrategia de Biocombustibles para América latina y el Caribe, una iniciativa entre Estados Unidos y Brasil, que incluiría a otros países de la región, constituye para la Argentina una oportunidad histórica que sería absurdo desaprovechar.

Se trata, nada más y nada menos, que de un emprendimiento estratégico de largo plazo, orientado a modificar la matriz energética de la principal economía del planeta.

El presidente George W. Bush anunció, el martes pasado, la decisión política de reducir en un 20% el consumo de nafta en los Estados Unidos durante la próxima década. Este ambicioso objetivo responde a dos grandes e imperiosas exigencias: la búsqueda de soluciones para el calentamiento global, problema que encabezó la agenda del Foro de Davos, y la conveniencia estratégica para Estados Unidos de diversificar sus fuentes de abastecimiento de energía, en parte comprometidas por la importancia que tienen hoy proveedores conflictivos o poco confiables, como Irán, Irak y Venezuela.

La iniciativa de avanzar decididamente en el camino de los biocombustibles no es un impulso aislado del actual gobierno republicano. Muy por el contrario, tiene consenso bipartidario. Tanto Bill Clinton como Al Gore están comprometidos con este proyecto. Gore se apresta a viajar a Buenos Aires para encabezar un foro sobre el tema.

El 18 de diciembre pasado, en un encuentro celebrado en Florida, se constituyó la Comisión Interamericana de Etanol. La presidencia del organismo es compartida por el ex gobernador de Florida Jeb Bush; el ex ministro de Agricultura de Brasil Roberto Rodrigues, y el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el colombiano Luis Alberto Moreno. Este último anunció que el BID destinará 3000 millones de dólares para promover el desarrollo del etanol en la región.
Crecimiento acelerado

Brasil y Estados Unidos concentran hoy 68% de la producción mundial de etanol. Brasil, que produce etanol a partir de la caña de azúcar, provee 34% del mercado mundial y Estados Unidos, 30%. El año pasado, Petrobras firmó un convenio con Japón para la distribución de etanol brasileño en ese país. Salvo Brasil, en América latina, sólo Colombia tiene una producción relativamente significativa. Pero los actuales volúmenes están muy lejos de satisfacer la demanda prevista para los próximos años. Será necesario mucho más para satisfacer los requerimientos del mercado norteamericano, que multiplicará su demanda por ocho en los próximos diez años.

Las fábricas de etanol se expanden aceleradamente en territorio estadounidense. Es lógico: el consumo de etanol crece a un promedio anual del 30% acumulativo. El año pasado, se volcaron a la producción de biocombustibles 17 millones de toneladas de maíz, cifra superior a las exportaciones de ese producto, del que Estados Unidos es el primer exportador mundial.

Está demostrado, incluso, que no será posible producir suficiente maíz en Estados Unidos para cumplir con las metas planteadas por Bush. De allí que, en los últimos meses, se hayan incrementado en ese país las importaciones de maíz mexicano y que, en el corto plazo, podría ser altamente factible para la Argentina algo que antes hubiera resultado inimaginable: exportar maíz a los Estados Unidos.

En términos estratégicos, la gravitación internacional de un país está determinada por su relevancia en uno o varios aspectos determinados. Lo fundamental entonces es ser importantes -si fuera posible, decisivos- en "algo", no importa qué. Por múltiples y obvias razones, derivadas de su enorme potencialidad productiva en materia agropecuaria, el país tiene aquí por delante ese "algo", que configura una gran oportunidad histórica. No puede dejarla pasar. La Argentina está en condiciones de convertirse en un activo protagonista de una tendencia mundial en ascenso, que es la explosión de consumo de los biocombustibles.

Tiene que participar activamente en esta gran iniciativa continental. Este tren no pasa dos veces.

Por Jorge Castro - El autor es presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico (IPE).