Fuente: Consumer.es | Agosto 10, 2005 Recomendar esta nota Recomendar

Autobuses ecológicos

El transporte público ayuda a solucionar el problema del tráfico en los núcleos urbanos, al mismo tiempo que contribuye al ahorro energético y a paliar los problemas medioambientales derivados de la emisión de gases contaminantes, especialmente aquellos vehículos que utilizan desarrollos respetuosos con el medio ambiente, como los autobuses ecológicos. Por todo ello, son diversas las tecnologías que se están utilizando y varias las ciudades que están probando y utilizando prototipos de este tipo de autobuses.

La Unión Europea se ha propuesto que para 2015 circulen por territorio comunitario un 2% de vehículos con hidrógeno, de ahí que promueva proyectos en esta línea. Las pilas de combustible de hidrógeno generan una corriente eléctrica que alimenta el motor gracias a una reacción química entre el hidrógeno y el aire. El hidrógeno, que puede ser obtenido con la utilización de paneles solares, se almacena en tanques y se suministra a alta presión a los vehículos. Se trata de una energía limpia porque sólo desprende vapor de agua y el funcionamiento del motor es silencioso, ya que no se produce combustión.

En 2003 varias ciudades europeas, entre ellas Madrid y Barcelona, junto con la ciudad australiana de Perth, formaron parte de una prueba piloto en la que se pusieron en circulación varios autobuses alimentados con pilas de hidrógeno, diseñados por Mercedes Benz. La autonomía del motor oscilaba entre los 200 y los 250 kilómetros, con una velocidad máxima de 80 kilómetros por hora. Cada una de estas ciudades ha utilizado un tipo de autobús de hidrógeno distinto, con diferentes tipos de pilas de combustible, para comprobar sobre el terreno las prestaciones de estos autobuses y tratar de mejorar así su funcionamiento y potenciar su producción en serie. A comienzos de 2005 sus responsables aseguraban que la aceptación entre los usuarios había sido muy favorable y que la viabilidad como transporte público limpio y de alta eficiencia energética quedaba demostrada. Otro gas que está siendo utilizado como combustible en este tipo de autobuses es el gas natural, que reduce hasta en un 90% las emisiones contaminantes respecto a un autobús de motor diesel tradicional. Además, las emisiones de ruido son inferiores en un 50 % respecto a un vehículo normal. Al igual que los autobuses de hidrógeno, necesitan también una planta donde llenar los depósitos, en este caso con el gas natural, a una presión suficiente para las necesidades del motor. Ciudades como Málaga, que cuenta desde 2004 con varios prototipos, están utilizando ya este tipo de tecnología.

Por su parte, el denominado biocombustible o biodiesel se obtiene a partir de productos naturales y sus defensores afirman que además de eliminar buena parte de las emisiones contaminantes del gasóleo normal, mejora el rendimiento de los motores diesel. Por ello, son también varios los proyectos que se están desarrollando en este campo. Por ejemplo, Valencia, gracias a la financiación europea, cuenta con una flota de 120 autobuses urbanos que funciona con gasóleo diesel mezclado con un 30% de aceite usado procedente de restaurantes y tratado para su uso en los vehículos. Con ello se reduce el consumo de diesel y los vertidos de estos aceites, muy contaminantes.

Además, el origen de estos biocombustibles puede ser muy variado. Como ejemplo curioso destaca el de la localidad británica de Winchester, que cuenta con un autobús que utiliza orina de oveja. El amoniaco contenido en la urea reacciona con el óxido nitroso de los humos del tubo de escape y los convierte en nitrógeno y vapor de agua, menos dañinos para la atmósfera. Como uno de los principales inconvenientes de este tipo de tecnologías se encuentra su todavía alto precio, que irá disminuyendo a medida que se vayan desarrollando y asentando en su utilización. Así, por ejemplo, los prototipos del proyecto europeo de autobús de hidrógeno costaron alrededor de 3 millones y medio de euros.

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Contaminación y dependencia energética

El transporte es uno de los principales causantes de la emisión de gases contaminantes a la atmósfera y de que los niveles de ruido, especialmente en las grandes ciudades, sobrepasen los límites aconsejables para la salud. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) considera que, de seguir la actual línea de consumo energético, la UE podría aumentar sus emisiones en 2010 un 10% respecto a 1990.

En este sentido, el Libro Blanco del Transporte propone la sustitución para 2020 del 20% de los combustibles convencionales por otros menos contaminantes, lo que conduciría a alcanzar los objetivos del Protocolo de Kyoto mediante la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. Asimismo, la utilización de combustibles de origen fósil crea una situación de dependencia económica que en el caso de Europa es cada vez más preocupante. La AIE ha advertido de que la dependencia de la UE para abastecerse de petróleo pasará al 92% en 2030, cuando en 2000 era del 73%.