Fuente: Ecoticias, Revista Eroski Consumer, Argentina Eólica | Agosto 08, 2012 Recomendar esta nota Recomendar
Las olas y el viento: El poder de la energía eólica en el mar

Los parques offshore se sitúan en aguas poco profundas, alejados de las rutas marinas comerciales.

Las olas y el viento: El poder de la energía eólica en el mar

Conocida como energía eólica offshore, este tipo de emprendimiento para obtener electricidad nació como respuesta al impacto visual y ecológico que producen los parques en la superficie terrestre y sus aerogeneradores.

Según Delfín Silió Salcines, profesor e investigador de la Universidad de Cantabria (España), “la energía eólica marina no sólo tiene los mismos beneficios que la terrestre, sino que, además, la libera de algunas desventajas como el impacto visual, sobre todo si los parques se alejan de las líneas de costa”.

Si bien ambos tipos de emprendimientos no son contaminantes y sus valores de producción son razonables, la principal diferencia reside en que la energía eólica offshore permite realizar un aprovechamiento energético de los vientos generados en los mares, que son más fuertes y constantes. Por lo tanto, los aerogeneradores se ubican mar adentro.

Asimismo, a pesar de que el costo de instalación es muy superior al de las zonas terrestres, la vida útil de un parque eólico marino es mayor.

¿Por qué en el mar?

Porque el viento se encuentra con una superficie de rugosidad variable (las olas) y sin obstáculos (como islas, islotes, etcétera). Esto implica que su velocidad no experimenta grandes cambios y, al ser menos turbulento que en tierra -ya las diferencias de temperatura a distintas altitudes de la atmósfera que se producen sobre el mar son inferiores a las de tierra adentro-, se amplía el período de trabajo útil de un aerogenerador.

Generalmente, los parques offshore se sitúan en aguas poco profundas, alejados de las rutas marinas comerciales, de los emplazamientos militares y de los espacios de interés natural u ornitológico.

La distancia de la costa debe ser como mínimo de dos kilómetros, para aprovechar mejor el régimen de vientos.

¿Cómo llega la electricidad a la tierra?

La publicación Eroski Consumer explica que “en principio, los anclajes de los molinos se efectuaban con hormigón, a través de la cimentación por gravedad -con la construcción en un dique seco de grandes estructuras que después se fijaban en el emplazamiento elegido y se rellenaban con grava y arena-. Años más tarde, se introdujo el monopilote, una perforación del lecho marino (de un diámetro de 3.5 a 4.5 metros y una profundidad de 10 a 20 metros) en la que se encaja un gran cilindro metálico como base a la torre”.

En la actualidad, se emplea una técnica de gravedad más acero -fruto de combinar las dos anteriores-. En aguas profundas, se emplean trípodes de tres patas anclados al suelo.

La conexión de los parques eólicos con la tierra es por medio de cables submarinos enterrados, para reducir el riesgo de daños ocasionados por equipos de pesca y anclas, entre otros.

Finalmente, en las zonas estratégicas del parque se instalan centros de transformación que traducen la baja o media tensión a alta, para favorecer el transporte hasta la costa. Si la distancia a tierra es superior a los 30 kilómetros, es posible emplear conexiones de corriente continua en alta tensión.

Una vez en tierra, sólo resta conectar la línea eléctrica con la red de distribución existente.

Aerogeneradores flotantes, un paso más para la eólica marina

En la actualidad, debido al gran potencial del viento y el mar como generador de electricidad, los investigadores trabajan para crear molinos que superen las duras condiciones del océano. Para ello, desarrollan aerogeneradores flotantes de 20 megavatios de potencia cada uno.

El objetivo de producir molinos flotantes se presenta como una solución en profundidades que exceden los 30 y 60 metros, ya que el anclaje de estos marinos se complica a medida que se alejan de la costa y aumenta la distancia de profundidad.

La primera turbina eólica flotante del mundo fue instalada a 350 kilómetros de la costa portuguesa y, gracias a ella, se pueden aprovechar los vientos marinos sin necesidad de gastar una fortuna fijándola al fondo del mar.

Muchas son las ventajas de las turbinas de este tipo, pero la principal reside en que pueden ser ensambladas en tierra y luego remolcadas a su sitio de trabajo, desde donde enviarán la energía nuevamente a la costa mediante un cable submarino. Además, en caso de presentar fallos, pueden ser devueltas a la costa para su reparación. 

Dinamarca, un país pionero

El primer parque eólico marino, compuesto por 11 aerogeneradores, se construyó en 1991 en el mar Báltico de Dinamarca, pero fue en 2002 cuando ese país inauguró el parque más grande del mundo con 80 aerogeneradores y con una potencia instalada de 160 MW, conocido como Horns Rev.

A partir de los resultados obtenidos gracias a la experiencia danesa, se llegó a la conclusión que la producción de electricidad es más estable y un 20 por ciento superior a la energía eólica terrestre. Actualmente, el 50 por ciento del consumo eléctrico familiar danés proviene de estos parques.

Sólo 12 países siguieron el ejemplo de Dinamarca e instalaron parques eólicos marinos, de los cuales 11 son de naciones europeas, uno en China y otro en Japón.

“La energía marina es potencialmente mayor a la terrestre, pues se prevé que bastaría un parque con una superficie de 10.000 kilómetros cuadrados para cubrir la demanda eléctrica de toda Europa”, afirmó Delfín Silió Salcines.

En este sentido, la experiencia en el mantenimiento de los parques eólicos offshore del norte de europeo es bastante alentadora ya que el servicio se presta sin demasiadas complicaciones.

Tal es el caso del Reino Unido, donde se instalaron 3.000 aerogeneradores con una capacidad para abastecer al 15 por ciento de la población británica.

El desembarco de la energía eólica offshore en las costas de Argentina

A nivel nacional, se prevé que el primer parque marino se instale en la provincia de Chubut con apoyo de la inversión española del Grupo Capitol que, actualmente, trabaja en proyectos “estratégicos y sustentables” desde el punto de vista social, económico y tecnológico.

El emprendimiento podría emplazarse en el puerto de Caleta de Córdova, por sus características tanto estructurales como estratégicas.

La instalación de un parque eólico offshore en el país es de gran importancia, ya que generaría un gran desarrollo socio-económico en la zona. No sólo implicaría ocupación de mano de obra, desarrollo industrial en los campos de acuicultura, metalmecánica y energética; sino también una activa y estrecha cooperación con la Secretaría de Ciencia Tecnología e Innovación de Chubut, el Centro del Mar y la Agencia Comodoro Conocimiento (con los que se abordarían interesantes líneas de colaboración científico-técnicas).

En este marco, el Estado provincial junto con el Poder Legislativo trabajan en un proyecto de ley que regulará y estimulará al sector de renovables con la finalidad de aprovechar de manera eficiente las ventajas del recurso en beneficio de los chubutenses y sus inversores.
 

La preocupación medioambiental

Respecto a los problemas ambientales que genera la energía eólica offshore, éstos son menores que los terrestres, cuyo principal efecto radica en que las estaciones se sitúan en zonas de tránsito de aves migratorias y, en ocasiones, se producen algunas muertes de esos animales.

El impacto en el mar es notoriamente reducido, dado que no se han conocido perjuicios sobre la fauna acuática.

Además, este tipo de energía protege al medio ambiente, dado que no produce emisiones atmosféricas ni residuos contaminantes. Tampoco requiere una combustión que produzca dióxido de carbono (CO2), de manera que no aumenta el efecto invernadero ni contribuye al cambio climático.

Es innegable que la energía eólica, ya terrestre o marina, es una de las soluciones que se presentan para eliminar el uso de combustibles fósiles en la generación de electricidad y, de ese modo, terminar con la contaminación ambiental y fomentar la producción de energías limpias.

 

 

Por Marcela Troncatti Castillo

redaccion_marcela@eco2site.com

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