Basura electrónica

Basura Electrónica - Imagen del ensayo de Andrew McConnell en Ghana

Basura electrónica

La renovación de aparatos eléctricos y electrónicos se convirtió en una realidad frecuente en el mundo y, también, en nuestro país.

La chatarra electrónica es un tipo de residuo que contiene metales pesados y tóxicos. El problema surge, entonces, al arrojarla a basurales clandestinos, rellenos sanitarios o incineradores, lo que genera que sus componentes dañinos emerjan y contaminen el ambiente. Frente a este escenario, ¿Qué se hace con estos rezagos?, ¿Cuáles son los lugares dónde estos desperdicios son almacenados?, ¿Existen recaudos en el manejo de estos aparatos al finalizar su vida útil?

Montañas de tecnología inútil están emergiendo. El aumento en las ventas de productos electrónicos, informáticos y eléctricos crece de manera exponencial junto a una categoría de chatarra que comienza a adquirir mayor atención dada la adecuada gestión ambiental que exige. Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) es la denominación con las que se conoce a estos desperdicios. También, en forma informal se los suele nombrar como basura electrónica y en inglés como, e-waste.

El vertiginoso avance de la tecnología y sus permanentes innovaciones, la velocidad de recambio de los aparatos, el abaratamiento de sus costos y el acortamiento de su vida útil, de la mano de un marcado consumismo, generan el cóctel perfecto para el incremento precipitado de este tipo de residuos. Lo que le otorga a los desechos una mayor proporción dentro del total de basura producido por la sociedad.

Argentina y sus números

Según datos proporcionados por Gustavo Fernández Protomastro, director de la consultora Escrap, se estima que la generación de residuos electrónicos es de 2,5 kg/habitante/año. Considerando una población de 40 millones de argentinos, se razona que ronda las 100.000 toneladas por año, de las cuales, un 35 % proviene de Informática y Telecomunicaciones (IT), un 30 % de grandes electrodomésticos (heladeras, lavarropas, aire acondicionados) y el resto de TV, audio, video, pequeños electrodomésticos, juegos, electrónica médica y herramientas varias.

A estas cifras se suma el informe de la Cámara Argentina de Máquinas de Oficinas, Comerciales y Afines (CAMOCA) realizado para el periodo 2007, que reveló existían 48.000.000 kg de equipos en desuso que derivaban en desechos electrónicos. Según Carlos Scimone, gerente de CAMOCA, la mayor modificación evidenciada durante 2009 se dio en torno al volumen de celulares que quedaron fuera de circulación, que aumentó un 20%. Encontrándose 10 millones de celulares en desuso. En lo que respecta a impresoras láser, también puede observarse un fuerte incremento hallándose, en la actualidad, 30.000 unidades inutilizadas.

Lo más alarmante es que gran parte de esos RAEE, “más del 50 %, quedan acopiados en Services, hogares, oficinas o industrias. Más del 30 % son desechados con la basura o a través de mercados informales de chatarreros. Y sólo menos del 5 % del total es gestionado por Operadores habilitados por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación”, explica Protomastro.

Conversión digital

Según los analistas, la migración de tecnología analógica a digital y de monitores de Rayos Catódicos (CRT) a pantallas planas y LCDs generarán el mayor afluente de residuos electrónicos y eléctricos en los próximos años. Por ejemplo, la conversión digital de televisores que experimenta EE.UU desde el año pasado, despertó gran preocupación debido a que se considera podría exacerbar el problema con los residuos electrónicos.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos estimó que existían casi 100 millones de televisores en desuso almacenados a través de EE.UU a finales de 2007. A estas estadísticas, Basel Action Network (BAN), una organización sin fines de lucro que presiona para que EE.UU ratifique el Convenio de Basilea, apuntó que al menos uno de cuatro hogares se deshará de su viejo televisor este año. Eso podría resultar en 28 millones de tubos de rayo catódico fuera de circulación. Sarah Westervelt, miembro de BAN, sostiene que la mayor parte de esos residuos será exportado para ser procesado en China y África, en expresa violación al Convenio de Basilea que prohíbe la transferencia de “basura tóxica” de países desarrollados a subdesarrollados.

Compuestos peligrosos de los RAEE

La basura electrónica contiene químicos y sustancias delicadas junto con metales tóxicos potencialmente perjudiciales para el medio ambiente y el ser humano. Roberto Felicetti, vicepresidente de la Fundación Ambiente y Sociedad y coordinador general de la planta de reciclado de RAEE de la institución, especifica que “estos aparatos contienen metales pesados -tales como cadmio, plomo, mercurio, cromo y níquel- PCB, bromo, clorofluorocarbono, poliuretano, selenio y cobre. Mientras que en los circuitos impresos yace oro, plata, paladio, iridio, germanio y cobre, además de otros componentes muy dañinos como berilio y antimonio.” Para ejemplificar lo contaminante que pueden llegar a ser estos residuos, Felicetti señala “que sólo un televisor o un monitor de computadora pueden llegar a tener hasta dos kilos plomo.”

Es importante destacar que durante la vida útil de los equipos eléctricos y electrónicos, sus materiales dañinos no representan una amenaza, al estar contenidos dentro de circuitos, placas, cables, etc. El problema aparece al convertirse en desperdicios y no ser gestionados de manera correcta. Una importante cantidad de los aparatos son arrojados a rellenos sanitarios, incinerados o desechados en basurales clandestinos, cuando no son dispuestos junto con la basura ordinaria, tirados y amontonados en la vía pública. De esta forma, “estos artefactos reaccionan con el agua y la materia orgánica liberando tóxicos al suelo y a las fuentes de agua subterránea, o con el hidrogeno que hay en el aire expulsando vapores tóxicos.”, puntualiza Felicetti.

El otro inconveniente a ser analizado es la cantidad significante de RAEE almacenados en oficinas, bauleras y servicios técnicos. “Lamentablemente, la mayor parte de los residuos queda acopiado en hogares y depósitos empresarios o gubernamentales, por si en algún momento, esa tecnología caduca pudiera servir. Y el tiempo y el abandono hacen que los equipos pierdan funcionalidad. Por ejemplo, ¿para qué guardamos la vieja videocasetera o el viejo tocadiscos?”, reflexiona Protromastro. La acumulación de aparatos en desuso no permite que aquellos metales valiosos y compuestos reciclables puedan ser aprovechados, produciéndose mayores efectos ambientales para la extracción de nuevos materiales. Por ejemplo, “una computadora completa pesa aproximadamente 10 kg y de ella casi todo es aprovechable. Hasta las plaquetas donde radican la mayoría de los residuos peligrosos junto con metales preciosos que se exportan a Europa”, señala Felicetti. A lo que Protomastro agrega: “La sociedad del consumo requiere materias primas. El viejo Winco, puede ser el metal del mini-componente para terminar reciclado en un I-Pod. La tecnología avanza con gran velocidad y el reuso de equipos es una buena opción para volver a emplear la materia prima de lo obsoleto como insumo industrial de lo nuevo.”

Países subdesarrollados: basurales electrónicos del mundo

El proyecto StEP (Solving the e-waste Problem) – una iniciativa conformada por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), el Programa de Medio Ambiente de la ONU, la Agencia de Protección Medioambiental de EE.UU y empresas del sector privado como Microsoft, Hewlett Packard, Dell o Philips- explica que el procesamiento de la chatarra electrónica requiere de métodos tecnológicamente avanzados, que maximicen la extracción de recursos útiles y minimicen los daños al medio ambiente y al ser humano. Desafortunadamente, este tipo de procedimiento no es habitual. Al mismo tiempo que la exportación ilegal de RAEE de potencias industrializadas, en carácter de “donaciones” o “reciclado”, a países en vía de desarrollo se vuelve moneda corriente. Con la excusa de reducir la brecha digital y proveer de equipos tecnológicos a naciones que lo requieren, la Unión Europea, países de Europa, Estados Unidos, entre otros, se deshacen de su chatarra y transforman a las naciones subdesarrolladas en los basurales electrónicos del mundo. En estos lugares las técnicas de reciclado, fundido y desmantelamiento son en extremo rudimentarias, inseguras y precarias, y, en general, realizadas por niños. Estos patios traseros de las grandes urbes plantean importantes peligros para los trabajadores y su entorno local, pero al parecer no representan una gran preocupación. Será tal vez porque a nadie le gusta hacerse cargo de su propia basura.

¿Qué hacer con los RAEE?

La basura ordinaria de por sí ya genera inconvenientes a la hora de juntarla, separarla y desecharla. Por ejemplo, en nuestra rutina doméstica, ¿cuántas veces discutimos por quién debe ocuparse y sacarla? En el caso de los RAEE, la incertidumbre y molestia se duplica; sin saber cómo manejarlos en la mayoría de los casos. En general, los equipos son almacenados en casas y oficinas,-juntando polvo en bauleras, depósitos, armarios, etc.-, traspasados de mano en mano, abandonados en servicios técnicos o acumulados en el cordón de la calle a la espera del recolector de basura. Todas estas actividades son efectuadas por la mayor parte de los argentinos, que suelen desconocer que con su accionar impiden la reutilización, aprovechamiento y readaptación de los aparatos. Pero, más relevante, ignoran el trabajo social, educativo y laboral que puede reportar el reuso y reciclado de los RAEE.

Más allá de la inexperiencia que se posea en torno al tratamiento de los residuos, los fabricantes de equipos electrónicos y eléctricos no están excusados apuntan las organizaciones ecológicas. Los volúmenes de RAEE están creciendo. Su industria va en aumento. Es hora, entonces, que los grandes generadores asuman la responsabilidad por los impactos ambientales de sus productos, haciéndose cargo de las unidades desde su elaboración hasta el final de su vida útil.

En definitiva, quizás llego el día en que todos –industriales, sector público y privado, consumidores- nos comprometamos con un tipo de basura, para la cual, no disponemos de días ni horarios de retirado.

-Fotos extraídas del ensayo de Andrew McConnell en Ghana.

Por Ma. Belén Etchenique Gabrielli

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