Fuente: Diario Clarín | Octubre 09, 2004 Recomendar esta nota Recomendar

Las casas de papel, una alternativa ecológica

En Córdoba construyen viviendas con ladrillos hechos de envoltorios de golosinas y techos de cáscara de maní. Los cartoneros porteños trabajan en proyectos similares.

No es el cuento de Hansel y Gretel, sino una realidad en Córdoba. Allí, cuando los chicos terminan de comerse las golosinas, el papel puede llegar a tener un destino útil. Un proyecto experimental ya construyó cuatro casas con paredes que contienen el papel de miles de alfajores, caramelos, chocolates y galletitas. Incluso, los techos también son ecológicos y reciclados, están hechos con cáscara de maní. Estos nuevos hogares intentan dar una solución al problema habitacional, aparte de generar trabajo y cuidar el medio ambiente.

El Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE), que funciona en Villa Siburu, acaba de concluir este proyecto en el que 6 jóvenes desempleados de entre 18 y 24 años tuvieron la posibilidad de ampliar sus viviendas con estos nuevos y originales materiales. Mediante un convenio firmado con la empresa Arcor y GTZ-GATE, una agencia gubernamental alemana brindó financiación, comenzaron la construcción de los ladrillos sobre la base de papeles de golosinas. Antes de implementar la idea, la planta enterraba los sobrantes y desechos de su propia fábrica de papel. Esas toneladas de material reciclable ahora encontraron un destino. Al ser mezclado con cemento y otros aditivos, el papel se convirtió en el componente fundamental para construir los ladrillos ecológicos de esas casas, de las cuales cuatro ya están terminadas.

Pero ¿son firmes estas casas de papel? “La estructura que sostiene a estos materiales alternativos es sólida. De hecho en Córdoba estamos en una zona sísmica, así que con eso tenemos que tener pleno cuidado”, dijo a Clarín.com el arquitecto Horacio Berreta, Director del CEVE e Investigador Superior del CONICET. Los nuevos materiales son, además, resistentes, térmicos y funcionan como aislantes acústicos. A su vez pesan menos y cuestan la mitad que un ladrillo común. “Nuestro principal objetivo es que las viviendas sean un medio para generar empleo”, dijo Berreta.

En Buenos Aires, el Museo del Reciclado del Gobierno de la Ciudad, junto con el Centro Experimental de la Producción (CEP) y la Universidad de Buenos Aires (UBA), también trabajan en el desarrollo de nuevos materiales para la construcción. A través del museo se hace una valorización del residuo sólido urbano y luego lo recuperan para transformarla en algo útil. Además de ladrillos, se construyen tejas, placas o pisos con latas de gaseosa, botellas y cajas de tetra-brick. “Los resultados son muy buenos: son materiales impermeables, no se incendian y no se alteran ”, dijo la especialista en ecología, Florencia Breyter, Coordinadora de la institución ubicada en los bosques de Palermo.

En este museo funcionan talleres donde reciben capacitación los cartoneros o recicladores que se buscan la vida entre la basura porteña y toda persona que esté interesada por la ecología. Los profesionales les enseñan las técnicas para que la basura se reconvierta y adquiera un valor. Son proyectos de viviendas económicas que tratan de solucionar en parte el tema habitacional crítico que muchas veces enfrentan los sectores más pobres. Breyter contó que la meta es más amplia. “El objetivo es armar fábricas sociales, más allá del reciclado, que concluyan con la formación de un corralón de materiales. Queremos otorgarle a la gente más humilde una continuidad laboral. De ese modo podrán, no sólo construir sus casas sino también vender los materiales a otros municipios o a otros grupos sociales”, aseguró.

“Para producir los ladrillos convencionales ya se destruyó gran parte de la Pampa Húmeda argentina, especialmente la zona de Pilar, en la Provincia de Buenos Aires. Para poder hacerlos se quita la capa de tierra fértil, que tarda muchos años en regenerarse. En la cocción se utiliza madera y para esto se talan los bosques. Todo esto en Europa ya está prohibido”, advirtió el arquitecto Berreta, quien defiende la importancia de seguir experimentando con materiales alternativos que permitan reemplazar los ladrillos convencionales.

Los envases de plástico duro (hechos con PET) fueron uno de los primeros elementos que se utilizaron como material alternativo. Hasta ahora siempre se usó como “árido” (todo ladrillo está compuesto por árido y ligante). El CEVE ya comenzó los experimentos para analizar la factibilidad de poder usar las botellas de gaseosas como ligante, y que al ser mezcladas con cáscara de maní o viruta de madera, pueden volverse resistentes para construir techos. “Estos materiales están en fase experimental porque aún no tienen el Certificado de Aptitud Técnica que emite la Subsecretaría de Vivienda de la Nación. Los trámites son largos pero igual seguiremos investigando para poner la ciencia y la tecnología al servicio de las necesidades del país”, concluyó Berreta.

En Estados Unidos también se consigue

La revista National Geographic asegura en su nota titulada: “Casas de Papel, una posible tendencia del futuro” que el material con que construyen estas nuevas viviendas ecológicas en Bloomfield, EE. UU., se llama “papercrete”. Se trata de una mezcla de papel reciclado, cemento, agua y arena que estaba patentada desde 1928 y ahora se redescubrió. La correcta compresión del material hace que los ladrillos sean resistentes, incluso al fuego, después de haber estado expuestos durante 9 horas a 1800 grados de temperatura.