Fuente: Infobae | Junio 24, 2019 Recomendar esta nota Recomendar
La Argentina ya tiene refugiados climáticos

Otros 22 millones refugiados climáticos durante el 2013.

La Argentina ya tiene refugiados climáticos

El fenómeno es silencioso y constante. No hay mediciones oficiales, pero los eventos climáticos extremos, cada vez más frecuentes, generan en el país una nueva categoría de desplazados: los refugiados climáticos.

Los ejemplos abundan: lluvias extremas que afectan, a repetición, a los habitantes de la provincia de Buenos Aires; aluviones que partieron al medio a Comodoro Rivadavia, en Chubut, o las sequías extremas que en Santiago del Estero provocan migraciones hacia Atamisqui, obligan, muchas veces, a tomar decisiones extremas: dejar sus casas, sus cosas, para buscar suerte en otro lado.

Así lo sostiene un estudio realizado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero para la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) que investigó eventos en las ciudades de Luján, Comodoro Rivadavia, Atamisqui y realizó estudios de campo para documentar el fenómeno del movimiento poblacional que se genera por la crisis climática que afecta al planeta, y también a nuestro país.

"Los pobladores de los barrios de Laprida como de Juan XXIII de Comodoro Rivadavia, como los vecinos de Atamisqui, se sienten muy expuestos y vulnerables frente a las inundaciones y a las sequías. Tienen la sensación de que han aumentado las temperaturas y se producen grandes y largos periodos de lluvias en el primer caso y de sequías y lluvias en el segundo", explica en el paper Roberto Aruj, investigador de la UNTREF.

Y agrega: "Frente a esta situación la gran mayoría de los pobladores de los barrios más afectados de Comodoro Rivadavia están dispuestos a trasladarse a una vivienda en una zona que no se inunde, a otro lugar donde se les permita tener una mejor calidad de vida. En cambio, en Atamisqui, la población no quiere desplazarse y solicitan la intervención del gobierno para la realización de obras para mitigar y adaptarse a los eventos climáticos extremos".

Cada realidad y experiencia es única, pero los investigadores sostienen que si se mantiene el ritmo y la intensidad de los cambios ambientales actuales, puede haber 150 millones de migrantes por causas ambientales para finales del siglo XXI en todo el planeta. No hay estimaciones para Argentina, aún.

La problemática de los movimientos poblacionales por la incidencia de los cambios climáticos extremos -que generan desplazamientos, temporarios o permanentes- afectan directamente la vida cotidiana de las personas.
Esto "influye y condiciona, por un lado, el ordenamiento territorial, el uso y distribución de los recursos, principalmente el manejo de cuencas hídricas, suelos productivos y áreas de bosques. Y por otro lado, las medidas políticas mundiales, regionales y nacionales en todos sus niveles, teniendo un rol sustantivo los gobiernos locales que deben gestionar medidas con el fin de disminuir la exposición y el riesgo para las sociedades ante este tipo fenómenos climáticos", explica Aruj a Infobae.

Uno de los habitantes de Atamisqui explica en la investigación: "Desde 2011 a la fecha se producen tormentas recurrentemente. Antes no había. Caen piedras y tornados. En los últimos meses todas las semanas tienen tormentas. En 2016 llovió 15 días seguidos y se inundó todo. Se ha elevado la temperatura."

"Las causas las atribuyen a Dios, a la falta de forestación, al deterioro de la capa de ozono, al mal uso del suelo y al cambio climático. Y es un cóctel de todo. "La gente sólo busca mejores condiciones de vida, entonces cuando se muda no lo atribuye al clima, dice que es porque no hay trabajo, porque la tierra ya no rinde como antes; pero la razón primaria es la crisis ambiental. Es por esto también que es tan difícil registrar estas migraciones", aclara el investigador.

En Atamisqui se están construyendo viviendas sociales y ecológicas, con el objetivo de relocalizar a la población y erradicar ranchos en áreas vulnerables. Para ello, se usa presupuesto de la Nación y de la provincia.
"Los vecinos comentan que ha crecido la población. Vienen de la zona rural por más comodidad, más tranquilidad, más fácil para criar a los hijos, y de otras provincias (por retorno) es más económico para ellos. Una vez que dejan de trabajar en las grandes ciudades vuelven. En 2010 allí vivían 11.800 personas, en 2018 la cantidad de habitantes ascendió a 16.000. La gente de las zonas rurales del otro lado del río está viniendo a vivir en el pueblo. Además, hay un retorno de los santiagueños que se habían ido a vivir a Buenos Aires. La ciudad aparece como un refugio frente al cambio climático.", explica el trabajo.

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