Edificios más sensibles

Hoy se registra un hecho inevitable: algunas investigaciones en las que se había puesto excesiva esperanza, están produciendo muy pocos resultados. Se pueden citar, por ejemplo, los estudios sobre las "milhojas" electrónicas. Es decir, el trabajo de arquitectos como Greg Lynn o los NOX.

Mucha gente se ilusionó pensando que estas formas complejas y globulares abrirían nuevos horizontes para la vivienda, sustituyendo el concepto de pared por el más interesante de membrana o piel. Hoy hay menos expectativas al respecto. Y se comienza a ver que el concepto de membrana no está necesariamente ligado al de forma compleja.
En Italia hay una fuerte tendencia al formalismo y al eclecticismo. Sería tremendo que los más jóvenes eludieran las frustraciones de un mercado edilicio en crisis refugiándose en el manierismo, perdiendo la capacidad técnica y convirtiéndose en una generación productora de imágenes para que algún otro técnico las concrete.
Hoy, gracias a la electrónica, se puede llegar más lejos. Es posible concebir el espacio no ya como un contenedor delimitado por paredes, sino como un teatro de interrelaciones entre el hombre y el medio ambiente: pensar en sensores que controlen el flujo de la luz, que sean capaces de optimizar la energía y los puntos de vista. También se puede pensar en un ambiente que cambie en relación a las necesidades mutables, incluso psicológicas, de quien lo habite.
De fría e inmutable, la arquitectura puede pasar a ser vibrante y mutable. Los edificios pueden convertirse en entidades sensibles con las cuales interactuar, objetos que se adapten al modo de vivir de sus habitantes, para transformarse así en su segunda piel.
La consecuencia de esa revolución será la desmaterialización de los contenedores: las paredes dejarán de ser estables e inmóviles. Ganarán en liviandad y adquirirán inteligencia, como un sistema nervioso. Y se proyectarán hacia la naturaleza y su contexto, cuyos sonidos, luces y olores podrán captar. Se concretarán las intuiciones que en las décadas de 1960 y 70 tuvieron arquitectos de vanguardia, como los Archigram de Inglaterra, los Metabolistas en Japón, Archizoom y Superstudio en Italia. Pero será posible realizarlas porque hay más medios técnicos.
Los arquitectos deben tener en cuenta un dato: en los edificios comunes, el costo de la estructura bajó del 80 por ciento al 20, mientras que el de las instalaciones subió progresivamente hasta el 35 por ciento y tiende a aumentar. Y crecerá aún más con los edificios inteligentes. Nuestra tarea será cómo hacer que esa inteligencia no sea sólo la inteligencia técnica del ingeniero sino también la humana del arquitecto.

Por Luigi Prestinenza Pliglisi
Fuente: Diario Clarín
17, Junio 2002